Posicionalidad: descubrir de no ser “tan” joven en el trabajo de campo

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Margot Mecca é doutoranda em Geografia e investigadora pre-doctoral da Universitat Autónoma de Barcelona, España. É doutoranda visitante no ICS-ULisboa pelo programa Erasmus + (margot.mec@gmail.com).


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Cuando he inserido un apartado dedicado a la “posicionalidad” en mi tesis, ha sido una decisión motivada por un escrúpulo científico, por la voluntad de compartir de manera abierta y clara como había abordado el trabajo de campo. Lo que no me esperaba es que este ejercicio de reflexión terminase por hacerme repensar mi misma identidad, una identidad que tenía también que ver con mi trabajo de investigadora.

Pero finalmente: qué es la posicionalidad? La necesidad de situar el conocimiento, y quien produce tal conocimiento, se ha ido difundiendo en los estudios geográficos a partir de los años ’90, con autoras como Linda McDowell y Kim England. Esta posición nace de la deconstrucción de la idea neo-positivista de una producción objetiva, impersonal y universal del conocimiento: en cambio, lo que tales autores y autoras reivindicaban era la naturaleza intrínsecamente parcial, subjetiva y particular del saber. Un saber que no puede prescindir y aislarse del contexto donde ha sido generado, de las personas concretas que lo han elaborado, de sus identidades y de sus historias, incluso de sus emociones.

Declarar la propia posición como investigador/a constituye así un grande ejercicio de cientificidad, porque permite compartir con los y las demás las condiciones en las que se ha trabajado para llegar a determinados resultados. La reflexividad está definida por England así: “Reflexivity is a self-critical sympathetic introspection and the self-conscious analytical scrutiny of the self as researcher”. Se trata de un auto-análisis que el investigador o la investigadoras hace sobre sí mismo/a en el proceso de investigación, una práctica que en las últimas décadas ha devenido común en la geografía humana, en particular en la geografía feminista.

En muchos casos la reflexividad se declina como “posicionalidad”: un análisis de la posición del autor o de la autora en el campo social, según distintas coordenadas de etnia, género, edad, clase social, religión, nacionalidad etc. – un análisis que tiene por objetivo profundizar como estas diferentes dimensiones influyen sobre el proceso de comprensión e interpretación de los fenómenos. Al mismo tiempo es necesario también considerar que la reflexividad nunca puede ser total y límpida: si partimos del supuesto de que todo conocimiento es parcial y subjetivo, la misma reflexividad no puede evitar de ser intrínsecamente parcial y subjetiva– lo que no quita su valor ni su importancia fundamental para entender un proceso de investigación.

Cuando me he enfrentado a la escritura de esta parte de mi tesis, no niego que ponerme a explorar los años de trabajo de campo ha sido un proceso duro: por un lado, el esfuerzo de evocar momentos muy estresados (a nivel personal y a nivel laboral) de mi vida; por el otro, la dificultad de poner orden en un flujo de emociones y sensaciones de diferentes tipos.

Haré aquí solo un ejemplo de lo que ha sido mi trabajo de posicionalidad: el trabajo sobre la edad. Un momento clave, para mi, ha sido cuando he leído esta cita de David Sibley que Chris Philo pone al principio de su célebre artículo “To Go Back up the Side Hill”: “Adult researchers are not children”.  Aunque pueda parecer obvio, en realidad hasta cierto punto de mi trabajo de campo no me había puesto el problema de mi edad y de la diferencia de edad entre mi y las personas con las que trabajaba, adolescentes de 14 a 16 años. Al principio pensaba, un poco ingenuamente, que al tener pocos años más que los y las participantes (tenía 25 años cuando he empezado el doctorado), esta proximidad me iba a ayudar para construir una relación de confianza con ellos y ellas.

IMG_20150321_171838860_HDR (1)Han sido suficientes pocas semanas de trabajo más intensivo (un workshop de 9 horas semanales en una escuela, durante 6 semanas) para darme cuenta de que no era así: de la distancia que los y las adolescentes percibían era mucho mayor de lo que yo pensaba, porque para ellos/as yo pertenecía ya a una esfera separada, al mundo adulto. Al principio ha sido duro reconocer de no ser ya tan joven, o por lo menos de ser un tipo distinto de joven: una joven adulta, con un trabajo, que no vive con la familia. Este momento de auto-reflexión ha coincidido con una época de terremotos personales y afectivos, reconocer la distancia respeto a mi propia adolescencia me ha permitido repensar mi identidad de joven mujer y, al mismo tiempo, construir de manera diferente la relación con los y las adolescentes que participaban en mi estudio.

La conciencia de la distancia, y no la ilusión de cercanía, era lo que justamente permitía establecer con ellos/as un territorio común: las emociones,  las sensaciones, las incertidumbres y los conflictos que caracterizan esa etapa que llamamos adolescencia. Se trata de un territorio común efímero, precario y frágil, que por una parte viene de la memoria y de la otra se coloca en un estado presente e intenso, pero que puede generar puntos de conexión a través de la experiencia emotiva. Un espacio de empatía que se construye a través de chistes, risas compartidas, momentos de complicidad, gestos, evocación de memorias: pero una empatía que no puede que venir del reconocimiento de la distancia que significan 10 años de vida más. Todo tipo de relación que intentase esconder esa distancia no podía que quedarse en un espacio muy limitado y artificioso. Para crear un espacio común de encuentro y reconocimiento, solo podía acercarme a partir de mi diferencia, de mi identidad de joven adulta que sabe que la persona que tiene en frente vive una edad distinta.

Esta toma de conciencia ha sido un proceso solo en parte consciente, que he incorporado en la práctica cotidiana del trabajo de campo, pero del que en el momento solo he visto los efectos más macroscópicos. Ha sido más adelante, a través del esfuerza de análisis reflexivo, que he podido darme cuenta de la importancia que la cuestión de la edad y de mi propia percepción de la edad había tenido en la investigación y en la relación con los y las participantes.


Como citar este artigo: Mecca, Margot (2017) Posicionalidad: descubrir de no ser “tan” joven en el trabajo de campo.  Life Research Group Blog, ICS-Lisboa, https://liferesearchgroup.wordpress.com/2017/05/09 09 Maio 2017 (Acedido a xx/xx/xx)

Um pensamento sobre “Posicionalidad: descubrir de no ser “tan” joven en el trabajo de campo

  1. Una reflexión extraordinariamente interesante para las personas que trabajamos con jóvenes. Especialmente para los jóvenes que buscan ser profesores. Saludos y gracias.

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